Francisco Gómez CanellaBiografía

Nací en Madrid hace 67 años, soy hijo de Alejandro y de Marisa, tengo cuatro hermanos más, Alejandro, Marisa, Paloma y Rafael: yo soy el segundo.

Siempre he sido un estudiante más o menos flojo, repetí el cuarto curso de bachillerato (con su revalida obligatoria) acabe el bachillerato superior (por imperativo paterno) y estudié Perito Mercantil, dejándolo en el tercer curso con una asignatura pendiente. Como no quería estudiar más no me quedó más remedio que ponerme a trabajar, me buscaba trabajos esporádicos  más o menos bien remunerados que me permitían ir tirando como a mí me gustaba, es decir, de una manera algo bohemia y anárquica.

Trabajaba en una autoescuela, vendía coches como agente libre a porcentaje con todas las marcas etc., etc. Hasta que un día  aconteció un hecho que cambió el rumbo de mi vida y decidí, ahora por mí mismo y no obligado, ponerme a estudiar de nuevo. Acabé la carrera de Terapia Ocupacional en Madrid y comencé mi periplo como currante y contribuyente para las arcas del estado. Trabajé como Terapeuta para la Seguridad Social durante casi treinta años. Dos años en Zaragoza, en la Casa Grande (así era conocido el hospital) y en la mutua de accidentes Cyclops. Me casé y al día siguiente salíamos hacia nuestro nuevo destino en Palma de Mallorca. Allí trabajé otros veinticinco años y pico en el hospital de la Seguridad Social Son Dureta. Por las tardes iba al colegio Mater Misericordiae (centro referente en el tratamiento de niños con Parálisis Cerebral) y a continuación me dedicaba a mi consulta privada, tanto en tratamientos en la propia consulta como acudiendo a domicilios particulares cuando los pacientes así lo demandaban. Al cabo de cinco años dejé Mater Misericordiae y pasé a colaborar con el centro Palma rehabilitación.
Para no aburrirme mucho, también preparaba las clases que tenía que impartir como profesor de los alumnos de Auxiliar de Clínica subvencionados por El Consell Insular y dedicaba otro ratito de vez en cuando a preparar las conferencias que tenía que dar cuando acudía invitado a algún congreso de Rehabilitación por todo el territorio nacional.

Fueron tiempos de mucho trabajo, pero muy bonitos. Alejandro, mi hijo, era el motor de mi vida mientras iba creciendo y haciéndose mayor. Hace dieciséis años tuve un cáncer de riñón y me lo extirparon, entonces decidí que ya había trabajado suficiente para la Seguridad Social y después de hablar con la asistente social del centro está me recomendó que pidiese una incapacidad total y permanente porque en mis circunstancias no me la negarían, y así lo hice. Por circunstancias de la vida que no vienen al caso, hace catorce años mi mujer Milagros y yo nos divorciamos y me vine a vivir a Alicante.

Me he vuelto a casar y vivo feliz, ahora viendo crecer a los hijos de Alejandro, a mis nietos Aron y Alex, y compartiendo mi vida en Alicante con Aurorami mujer, mi compañera, mi amiga, mi confidente, mi ángel, y con sus dos hijos, Alberto y Gema, que dejaron ya hace años de ser niños y se convirtieron en adultos, haciéndonos a nosotros un poquito “más expertos y con más experiencia acumulada”.