ASÍ COMIENZA MENSAJES ANÓNIMOS.

Buenas tardes y feliz fin de semana.

Francisco Gómez Canella

 

ASÍ COMIENZA MENSAJES ANÓNIMOS. Ya que por lo visto, a alguno de vosotros os ha parecido poco leer la biografía de Mensajes Anónimos, aquí os dejo la introducción para ir abriendo boca. Si queréis saber lo que ocurre y como acaba, os invito a que el día uno de diciembre, vengáis a la firma de ejemplares que haré en la librería Ali i truc de Elche, sita enPasseig Eres de Santa Llúcia, 5-7, de 19,30 a 21,30.

Los que no podáis asistir podéis adquirirla en la Casa del Libro, en la Editorial Letras de Autor o aquí mismo en www.franciscogomezcanella.com donde os la podré dedicar al recibir el pedido.

Como cada día a las 6:45 el despertador de Noa anunció que ya era hora de levantarse para ir a la universidad. Pero hoy no iba a ser otro día cualquiera, ya que, después de tres años en Tasmania, por fin recogería la titulación del máster en Ciencias del Mar.

Al terminar la carrera de Biología Marina en Vigo con 23 años, sus padres la obligaron a hacer ese máster en la University of Tasmania «UTAS» para, según ellos, alejarla en esos momentos de un suceso desagradable en la que se vio envuelta y que no le ayudaría a encontrar el trabajo al que ella aspiraba en la ECIMAT «Estación de Ciencias Mariñas de Toralla, perteneciente a la Universidad de Vigo». Después de recoger la acreditación de su título en el Australian Maritime College «AMC» de Hobart se fue con un grupo de compañeros y compañeras a los apartamentos para estudiantes de la propia AMC. Estaban situados en uno de los mejores barrios del extrarradio de la ciudad, llamado Sandy Bay, muy cercano a las playas de Nutgrove y Long Beach. Allí solían acudir cuando los estudios se lo permitían.

–Adelantaos vosotros, Patrick. Voy a conserjería, a ver si hay algún correo de España.

–Hola, Noa. Te ha llegado una carta certificada, pero no parece ser portadora de buenas noticias.

–¿Por qué dices eso, Tom? No se te habrá ocurrido leerla, ¿verdad?

–No, mujer. Lo digo porque tiene un sello oficial y pone «Xulgados de Vigo». Todo lo que lleva sellos oficiales nunca trae buenas noticias.

–Me encanta tu positividad;  es más negra que tu propia cara, hermano. Si no fuera porque te aprecio tanto te mandaría a un sitio muy feo. Y ahora dame de una vez ese certificado.

El solo contacto le proporcionó una sensación de alerta. No solía inmutarse por nada. Muy pocas cosas parecían impresionarla desde el día en que en unas prácticas de buceo a casi 40 metros de profundidad se le atascó la válvula dosificadora de la botella. Pero esa carta era algo que antes o después tendría que aparecer, lo sabía. Durante casi tres años se había intentado mentalizar para cuando llegase la ocasión, y sin embargo ahora se daba cuenta de que seguía temiendo ese momento. Precisamente hoy era el día que menos se la esperaba. Era un día de celebraciones y buenas compañías para disfrutar al máximo de los resultados obtenidos en los exámenes.—Ya la leeré esta noche. Ahora me esperan para celebrar que he terminado del máster con sobresaliente. La justicia puede esperar—dijo medio canturreando por lo bajo mientras metía la carta en el bolso

 

Acerca del autor: Francisco Gómez Canella

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